Colores

Autora: Noelia Morales
E mail: noelia_sm@hotmail.com

La siguiente es una presentación clínica expuesta en el 5° encuentro de Ats–Ciclo 2014, el 24 de enero de 2015, cierre anual, en la Asociación Civil At Lazos.

-Curso realizado: Curso anual AT “Aportes a su conceptualización, teoría, clínica
y práctica” en At Lazos. Período: abril 2014 /enero 2015 // Comienzo práctica: 27
octubre 2014 al 14 enero 2015. Frecuencia AT: 2 veces por semana de 1:30hs cada
encuentro.
-Institución: Centro de día Renacer (Centro de discapacitados para niños y
adolescentes). A cargo de Lic. en Terapia Ocupacional, Profesionales: Lic.
Psicología, maestras integradoras.
-Presentación del paciente: Lucas 17 años. Diagnóstico: TGD, autismo, retraso
mental leve. Ingreso a la institución: año 2008.
-Datos complementarios: Usa pañal / No toma medicación.
A los 3 meses de vida es internado durante un período de 20 días por
bronquiolitis. Luego se lo deriva a otro hospital a causa de un regular estado
general, en el que permanece internado durante 3 meses y medio, el diagnóstico
fue aspiración de líquidos por trastorno en la glotis.
Hablaba, a los 2 años dejó de hablar. Caminó a los 23 meses.
Constitución familiar: Madre, padre (actualmente separados), hermano mayor,
abuela paterna. Lo crió su abuela, su madre se hizo cargo de él hace unos años.
Indicaciones: Trabajar AVD (últimamente no quiere lavarse las manos ni la cara y
debido a esto no puede ir al taller de cocina). “Activarlo” luego del almuerzo ya
que no quiere hacer nada, solamente dormir.
Ingreso a la institución, la Lic. Micheli (Psicóloga del centro) me hace pasar a la
sala en la que se encuentra Lucas y me lo presenta. Lucas estaba recostado sobre
una colchoneta en el suelo. Lo saludo verbalmente y me presento. El estira su
mano para saludarme y al tocar mi mano, empieza a realizar un movimiento
pélvico enérgico y constante, que cesa cuando Viviana (encargada del grupo) le
dice que frene. Luego se levanta de la colchoneta, se dirige a la mesa de trabajo
donde se encuentran sus compañeros y señala que me siente a su lado. Me siento
en ese lugar y nuevamente empieza un intento de acercarse. Coloca su cara muy
cerca de la mía y emite un jadeo. Intento cambiar su foco de atención indicándole
una actividad, lo logro por un pequeño momento. Unos instantes después
comienza a balancear su silla sobre la mía con el objetivo de tener contacto físico,
le indico que las sillas deben ir dispuestas de manera más separada y no tan
juntas. Lucas escucha pero hace caso omiso a mi indicación. Sigue con esa
actitud, se toca los labios con los dedos, mirándome fijamente a los ojos, con una
actitud desafiante e intenta que yo lo bese en la mejilla acercándose todo lo que
puede. Lucas en esos momentos adopta una posición de acecho, mira de forma
penetrante, no acepta límites, y no puede cambiar su foco de atención. Ese día no
tenía otro interés más que acercarse a mí. Evidentemente hay algo de la
excitación que no encuentra forma de vehiculizar y la despliega en cualquier
ámbito. Durante todo el primer encuentro, se repitieron los episodios de
erotización.
En el siguiente encuentro, al entrar, le digo a Lucas, que desde ahora nos íbamos
a saludar con la mano (apretón de manos o saludo a distancia) y que nos
sentaríamos en sillas enfrentadas, para evitar las conductas de erotización del
encuentro anterior. El acepta este límite sin ningún problema. Realmente parecía
otra persona. Tenía otra postura tanto física como comportamental. Me encontré
con un muchacho con una mirada retraída, inclinado en la silla, sereno, serio,
aunque con ganas de interactuar conmigo.
Comienzo a trabajar con Lucas una de las indicaciones que me proporcionó la
Lic. Micheli, que consta en que pueda realizar de mejor manera las AVD.
Observo que Lucas se lava las manos de forma correcta, utilizando agua y jabón
que luego seca con toalla. No ocurre lo mismo en el lavado de dientes, si bien
coloca pasta dental en el cepillo, en un primer momento se cepilla la mejilla
izquierda y luego sobre los labios. Como si no pudiera discernir los bordes y
límites de la boca, como si todo fuera una unidad. En los sucesivos encuentros le
muestro el modo más apropiado de cepillarse los dientes, le sugiero que abra la
boca, ya que debe lavarse sobre los dientes y no sobre los labios. Le explico que
los dientes se encuentran adentro de la boca y no fuera de ella. Él reconoce
perfectamente donde se ubican los dientes y sabe que debe cepillar sobre ellos,
pero no puede llevarlo a cabo sobre sí mismo, en su boca. En el cuarto encuentro
y con reiteradas indicaciones de mi parte, Lucas, logra abrir la boca. Al hacerlo
coloca su cepillo dentro de ella, se cepilla la cara frontal de los dientes superiores,
pero luego ejerce presión sobre la lengua, lo que le produce sensación de
malestar y rápidamente finaliza la tarea. Aquí nuevamente no puede encontrar
un límite, ya que al colocar el cepillo dentro de la boca lo lleva hasta la garganta,
sin darse cuenta que en algún momento debe frenar. En los siguientes
encuentros, continúo trabajando con Lucas el tema de los límites en esta tarea
que le resulta tan poco grata, indicándole hasta donde debe ingresar el cepillo
dentro de su boca para poder cepillarse las otras caras de los dientes, pero le
resulta muy difícil seguir esta indicación. Al notar que en lugar de propiciar este
hábito, le está generando más rechazo, le sugiero que se cepille solamente la cara
frontal de los dientes (superiores e inferiores), hasta que logre controlar el
impulso de ingresar el cepillo hasta la garganta y deje de producirle arcadas y
sensación de asco. En el tramo final del acompañamiento, le regalo a Lucas un
cepillo de color azul (éste es su color favorito), a modo de que esta tarea le resulte
un poco más atractiva. Cuando le doy su regalo, lo observa detenidamente unos
momentos, se lo apropia y lo abre con mi ayuda. La idea es que el acto de
cepillarse los dientes sea lo más agradable posible. A lo largo del
acompañamiento, observo que esta tarea realmente le produce mucho rechazo,
asco, sensación de malestar. Quizás haya una relación con el problema de salud
que tuvo en la glotis cuando era un bebé, quizás esa zona se encuentre
sensibilizada debido a esto.
Otra de las indicaciones a seguir por parte de la profesional a cargo, es que Lucas
pueda hacer “algo” en las horas que comprenden el horario de la tarde, ya que en
los últimos tiempos solamente se recostaba en una colchoneta a descansar. En
los primeros encuentros observé que las actividades que realizan en el centro no
le resultan interesantes, entonces opté por indagar qué tenía ganas hacer. Al
preguntarle esto, me invita a jugar un juego de memoria, en los que hay que
encontrar dos fichas iguales. Noto que esta actividad la realiza con entusiasmo,
entonces al encontrar correctamente los pares lo felicito aplaudiendo y/o
“chocando los cinco”. Este cumplido reconforta a Lucas y él también aplaude y se
ríe a carcajadas cada vez que realiza correctamente una actividad. Lucas no
habla, sólo emite sonidos guturales, aunque mediante señas se hace entender
muy bien. Entonces me centré en estimular el habla e intentar que pueda mejorar
su expresión verbal. Cada vez que jugamos a los juegos de memoria le digo en
voz alta el nombre del objeto que se encuentra en esa ficha y el color, en un
principio sólo escucha, sin emitir sonido, aunque lo veo atento e interesado en
escuchar. En los siguientes encuentros sigo con la misma táctica, y él empieza a
buscar y señalar en la sala objetos del mismo color que los que aparecen en las
fichas del juego de memoria. Al encontrar el mismo color, ambos festejamos.
Claramente este festejo, este cumplido, hace que Lucas se sienta valorizado y
encuentre placer en estas actividades, que tenga ganas de seguir realizándolas. Al
llevar esto al espacio de supervisión, la Lic. Sarbia, se percata que aquí es donde
tengo que intervenir con respecto a la palabra. No con el nombre del objeto en sí
como lo venía haciendo, sino con el color. Y en este espacio es donde me doy
cuenta que Lucas primero percibe el color de los objetos y luego el objeto.
Entonces la Lic. Sarbia me sugiere que trabaje el tema del habla con los colores y
que identifique qué letras puede pronunciar. En el siguiente encuentro, puedo
distinguir que Lucas pronuncia con dificultad las letras A / O / T. Estas letras las
utiliza en todas las palabras, lo que hace que todas las palabras sean
prácticamente iguales. Asimismo, observo que a Lucas le interesan los sonidos,
entonces al encontrar un color en la sala, revista, lápiz de color o un objeto, lo
repito en voz alta exagerando su pronunciación, por ej., la letra U, pronuncio
como un aullido de lobo. Esto le causa gracia y repite ese sonido. Ya por el sexto
encuentro, cada vez que ingreso a la sala, Lucas me espera con algún objeto para
mostrarme su color e intentar pronunciar. Esta actividad la realiza durante casi
todo el tiempo del acompañamiento, lo que denota un gran interés de su parte por
poder decir algo más. Así es, como con práctica y tiempo, mediante la imitación
logra pronunciar mucho mejor varias palabras. Entre ellas se encuentran, AZUL,
en los primeros encuentros decía TATOO, en el noveno encuentro AUUL y en el
final del acompañamiento logra pronunciar AUSUUL. Algo similar sucedió con la
palabra ROSA, en los primeros encuentros decía TATA, luego OOA y por último
RRROSA. También con la palabra ROJO, empezó diciendo TOTA, luego OOA y en
el decimoquinto encuentro RRROTO. Y el color CELESTE, en un primer
momento decía TEE, más tarde EETE y en el último encuentro SEESTE.
Asimismo identifica y pronuncia claramente las palabras SI / NO, todas las
vocales, las consonantes L / R / T, los números 1 / 2 / 3 / 6 y puede decir bastante
bien su nombre.
Unos encuentros antes del final del acompañamiento, le comento a Lucas que
debemos hacer un cierre ya que mi trabajo allí está por terminar. Le propongo
que cada uno haga un dibujo y se lo entregue al otro a modo de obsequio. En el
anteúltimo encuentro, realizamos los dibujos. En el dibujo de Lucas, aparecen
varios colores, claramente sus favoritos, y mientras realiza el dibujo, repite el
nombre del color con el que está pintando. Yo dibujé una casa con un árbol.
Luego de terminar, intercambiamos los dibujos.
En el último encuentro, seguimos trabajando con los colores y la pronunciación.
Al retirarme saludo a Lucas con la mano a distancia como lo hice a lo largo de
todo el acompañamiento. Pero esta vez, él no me saluda con la mano de lejos, sino
que se acerca y me da un apretón de manos.
Conclusión: Lucas a lo largo de este recorrido pudo salir de esa sensación de
aburrimiento y desgano que tenía en las tardes a hacer algo distinto, algo que a él
le interesara y que quizás no encontraba la forma de llevarlo a cabo. Así es como
en estos quince encuentros pasa de tener la boca completamente cerrada a
abrirla. Pudiendo así dejar de comunicarse con señas y un sonido gutural a
intentar expresarse con palabras. Pasa de cepillarse los labios a abrir la boca y
cepillarse los dientes. Estimo que necesitaba a alguien que lo acompañe en esto,
que lo ayude y lo guíe.
At.: Noelia Morales, enero de 2015
Acerca del AT de Noelia Morales.
Encontramos en este trabajo, cuatro líneas de intervención. En los primeros
encuentros nos encontramos con un paciente dormido, de hecho una de las
indicaciones es despertarlo. El problema es que cuando despierta, aparece la
erogenización sobre la figura de la At. hasta la incomodidad. Así no íbamos a
poder trabajar. Esto nos hace pensar que la función de un At. no es estrictamente
las indicaciones que recibimos (de hecho hacer con esta erotización, no está
dentro de las indicaciones recibidas) pero parte de la función fue poner paño frío.
Como primera intervención táctica, la At. debió hacer con esto en la línea de
producir una separación, una distancia que le permita empezar a trabajar sin
incomodidad. Del abrazo con que se viene encima de la At. (al encontrarse) al
saludo con las manos que propone la At. La propuesta de darse la mano al
encuentro y agitar las manos al despedirse, pone distancia; negarse a la cercanía
posibilita empezar a trabajar con él. La At. propone no sentarse a su lado sino en
frente. Ya finalizando el AT, el paciente responde al saludo de encuentro con las
manos que ésta propone, devolviendo el mismo gesto con las propias y al
despedirse, las manos en señal de Chau. Salvo el último encuentro en que parece
introducir una diferencia: se despide con un apretón de manos. Sabía que era el
último.
Respecto de esta boca que se lava hasta la coronilla, parece no haber una boca
constituida como tal como borde erógeno por el que circula satisfacción. Es una
boca que podría tragar el cepillo de dientes. La escena del lavado de los dientes
intenta contornear una boca con sus partes: labios, dientes, lengua y coronilla. No
aparece delimitado el borde oral, da lo mismo lavarse los dientes, el cachete, la
coronilla y esto trae aparejado un evidente malestar. Arcadas y fin del lavado vez
tras vez. Agujero sin borde, no hay límites que digan: hasta acá entra el cepillo, los
dientes tienen caras, el cepillo es de dientes y no de cachete. Trabajo arduo que
merece una intervención más prolongada que la que transcurre durante el
tiempo del AT. A partir del descubrimiento de su interés en los colores es que
podría empezar a producirse algo diferente. Así, aparece hacia el final del AT un
cepillo de dientes azul y el placer en pronunciar su color. Se detiene a tomarlo,
mirarlo y tomarlo. Parece que allí encuentra algo que le causa agrado. Habrá que
seguir con eso y por ese lado. Tal vez nadie nunca jamás se dio cuenta de su gusto
por los colores.
A partir de esto se abren las otras dos vías de intervención: jugar con los colores e
intentar nombrarlos con todas las dificultades que esto tiene para nuestro
paciente que emite sonidos casi guturales. Es aquí que la At. descubre que puede
nombrar algunas letras, pocas. Otras no aparecen. Decía la At: un decir gangoso,
difícil de imitar. Y de su decir gangoso a pronunciar algunas letras recorrimos un
largo camino. Descubrimos juntos el placer de nombrar algunos colores de la
mano de la posibilidad de hacerlo (lo cual no debió haber encontrado alguien
dispuesto a prestar escena para que eso se produzca). El At. presta esa escena de
colores y nombres posibilitando que eso ocurra. Es así que hacia el final del At. la
despedida se traduce en un dibujo de los colores que tejieron la relación
At-paciente usando justamente esos que pudieron ser nombrados: azul, celeste,
rosa, rojo aunque con algunas dificultades.
(Lo que sigue, si bien no figura en el recorte, fue relatado en supervisión por la
At.) En el último tramo vuelve a aparecer la excitación puesta sobre el cuerpo de
la At: “es como un acecho, una mirada penetrante, pesada (dice la At. incómoda),
quería irme”. Y luego del cambio de pañales la cosa empeora. Excitación que no
encuentra trámite y que estimo le costará conseguirlo.
Esto nos recuerda que nuestras intervenciones no son de una vez y para siempre
sino que precisan de la repetición para producir alguna marca que se haga
estable.
Supervisora: Sandra B. Sarbia, enero de 2015