La búsqueda del camino

Autora: Lorena Capmany (*)

E mail: lorenacapmany@hotmail.com

(*) At del Hospital J.T.Borda, Servicio de Resocialización

El siguiente escrito fue presentado en la «2ª jornada: La Práctica del Acompañamiento Terapéutico. Un Dispositivo de Trabajo» realizada el 28 de septiembre de 2006, organizada a través de At Lazos y la Universidad Argentina John F. Kennedy

Caso Clínico:

Paciente G, edad 30 años, se encuentra internado en el Hospital José T. Borda en el servicio Nro 5 de Resocialización desde hace 2 años, se internó él mismo por su propia voluntad como una forma de huir de su casa donde se sentía muy angustiado. En su período escolar se sintió excluido, tenía vergüenza y terminó abandonando sus estudios en tercer año del colegio secundario.
A los 19 años comienza con cuadros alucinatorios esporádicos, se hace atender en el Hospital Álvarez donde le diagnostican una esquizofrenia desmielinizante, la misma enfermedad por la cual falleció su padre.

A raíz de su diagnóstico y la muerte de su padre, comienza a investigar acerca de su enfermedad, se informa sobre ella, lee libros sobre el tema.
En los historiales clínicos figuran informes que hablan acerca de síntomas negativos importantes, como depresión, desinterés, delirios hipocondríacos, trastornos del control de los impulsos.

El Acompañamiento Terapéutico comienza en el mes de abril del 2005, donde primeramente se trabajó en dupla con otra acompañante, con la cual hicimos nuestra primer entrevista. El paciente G se presenta a la misma fenoménicamente desalineado, retraído, abúlico.

La entrevista fue en sí muy dificultosa, además de presentarse retraído también asistió según nos comentó él, con mucho sueño y con ganas de irse a dormir. Evitaba mirarnos a la cara, su mirada caía hacia abajo. Contestaba lo que le preguntábamos de manera poco expresiva, no podía comunicar lo que le pasaba. Estaba muy tenso, suspiraba mucho y decía que se sentía muy incómodo.

Esta primer entrevista que constaba en nuestra presentación como acompañantes y el encuentro con el paciente no se pudo sostener mas de 10 minutos.
La semana siguiente tenemos nuestro segundo encuentro, en el cual el paciente G sigue con su misma postura, no hay diálogo que continúe. Nos dice que se encuentra muy nervioso porque somos mujeres y que él preferiría que fuese solo una acompañante porque con dos se sentía muy tenso.

La táctica del acompañamiento fue abandonada por comodidad y pedido del paciente y quedé yo a cargo del acompañamiento.

El tercer encuentro con el paciente G fue conmigo a solas en el parque del Hospital.

Se encontraba más distendido, relajado, suspiraba menos, él me decía que tenía muchas ganas de hablar, de contarme cosas, pero que no se acordaba en ese momento, fue idea de él traer un mazo de cartas para jugar y demostrarme algunos trucos que sabía. Me muestra además dibujos que él realiza, tiene mucho talento para dibujar.

Me comenta que no le gusta la idea de tener un acompañante mujer, él quería que fuese un hombre, agrega también que yo no voy hacer nada por él, que un día me voy a cansar y lo voy abandonar por la forma de ser de él. El asume que es un paciente negativo, me dice que nunca se va a curar, que siempre va a ser el mismo, que tiene 30 años y que si no cambió en todos estos años nunca más cambiará. A diferencia de los anteriores encuentros que no superaron los 10 minutos, este logró ser de 1 hora 30 minutos.

En los siguientes encuentros se lo nota más tranquilo, más conversador, disminuye la frecuencia de sus suspiros. Y comienza a contarme sobre sus preocupaciones, está intrigado por su salud, comenta sobre problemas que están vinculados con su familia, dice que los extraña, que los quiere ver pero que tiene miedo de ir a su casa porque sus vecinos se ríen de él, lo molestan y le dicen “ el loco del barrio”.
Como así también sus miedos a salir solo a la calle porque tiene miedo de perderse, no conoce las calles, tiene miedo que le roben la vestimenta, y de cruzar la calle. Solo no se anima, pero acompañado por un hombre sí. Me dice que conmigo no saldría a la calle, ya que soy mujer y le da vergüenza que la gente lo vea en la calle con una mujer.

El tiene miedo de defraudar a una mujer por como es.
Me habla además de su falta de concentración para leer o mirar televisión.

Esta postura en él siguió durante unos meses, hasta que le propongo que intentemos tomar un café en el buffet del hospital, él accedió sin ninguna objeción.
A partir de esta nueva experiencia que él tiene de sentarse en un lugar público con una mujer, comienza a sentir más confianza con su entorno, él me decía que se sentía un poco nervioso, pero bien, que le gustó la idea de tomar un café y que podíamos volver a repetirlo.

Comenzamos a tener encuentros en el buffet, así como también se lograron salidas a la calle, asistiendo a supermercados para comprar algo para comer y sentarnos en la plaza, fuimos a un ciber donde él, en la computadora buscaba información para empezar a hacer deporte, le interesa el karate.
También fuimos almorzar a restaurantes donde se sentía muy cómodo y a gusto.

A diferencia del miedo que él me comentaba acerca de salir a la calle, comenzó a tener ganas de salir y sin ninguna preocupación, tan así que no quería volver al hospital.
Así fuimos organizando nuestros encuentros semanales y qué actividad haríamos.
Hubo un gran cambio en su aspecto físico, se compró nueva vestimenta, se cortó el pelo y se lo peinaba con gel, quería verse mejor, lucirse ante los demás.

Comienza además a presenciar distintos talleres del hospital, como el frente de artistas, talleres de inglés, y jugar al fútbol con compañeros de otros servicios.
Estas últimas semanas fue a un tenedor libre solo, quería comprobar si podía hacerlo y saber cómo se sentía. Fue todo un desafió, ya que se sintió muy bien y me dijo que lo volvería hacer.

Desde el acompañamiento terapéutico, se ubicó un Yo auxiliar para poder establecer otros tipos de vínculos. Así la relación con las mujeres, como con el mundo exterior.
Regulando la afectividad aplanada pudo así trasmitirme qué es lo que siente.

Como para finalizar, agrego un comentario que él me hace, me cuenta que lo vinieron a visitar su mamá, su hermana y su hermano, les habló de mí y dijo “ Lorena es una mina re gamba”, “ y mi familia está muy contenta por lo que hacés”.

Septiembre de 2006