Comentario del libro: Ensayos sobre autismo y psicosis, de Hector Yankelevich – Por Sandra B. Sarbia

Autor: Sandra B. Sarbia

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El siguiente es un comentario de texto realizado para el portal www.elsigma.com sección Lecturas en Octubre de 2002. Pueden encontrarlo en https://www.elsigma.com/lecturas/ensayos-sobre-autismo-y-psicosis-de-hector-yankelevich/2555

El autor del texto da cuenta de cierta conceptualización teórica acerca del autismo mediante el relato de los avatares de diferentes recortes clínicos. En el intento de situar al autismo dentro o fuera de las estructuras clínicas nos aclara: «A partir de esas experiencias no se puede hablar de psicosis en el autismo, estamos más acá de la primera forclusión… del desprendimiento, la separación del significante fálico. No se puede hablar de psicosis más que cuando el segundo tiempo de la metáfora paterna se ha vuelto para siempre imposible. Si en los grandes autistas hay emisiones de frases… no son enunciaciones… no se puede hablar de la existencia del Otro… donde hay mensaje no hay, sin embargo, destinatario… hay lenguaje… no hay palabra».

El autor del texto da cuenta de cierta conceptualización teórica acerca del autismo mediante el relato de los avatares de diferentes recortes clínicos. En el intento de situar al autismo dentro o fuera de las estructuras clínicas nos aclara: “A partir de esas experiencias no se puede hablar de psicosis en el autismo, estamos más acá de la primera forclusión, aquella del sentido, es decir del desprendimiento, la separación del significante fálico. No se puede hablar de psicosis más que cuando el segundo tiempo de la metáfora paterna se ha vuelto para siempre imposible. Si en los grandes autistas hay emisiones de frases, esas frases no son enunciaciones, y es por ello que no se puede hablar de la existencia del Otro. Es decir que ahí donde hay mensaje no hay, sin embargo, destinatario. Se puede decir que hay lenguaje, pero que no hay palabra”

No se trataría de la existencia de un Otro barrado insuficientemente (como en el caso de las neurosis) ni de un Otro absoluto (como lo testimonian las psicosis) sino más bien de la inexistencia del Otro. 

Ese Otro, necesario para la constitución del sujeto no parece haberse presentado en el caso del autismo. ¿Por qué entonces el autista se dirigiría a un otro, destinando su mensaje? ¿Por qué y para quién querría hablar?

Muchos niños autistas comienzan a hablar cuando otro desde su deseo, despierta su interés por comunicarse.

Francés Tustin describe en estos casos, cierto cuadro de situación: una relación entre un niño y una madre que nunca ha logrado el grado de alienación necesario para que luego pueda ser posible la separación. Una “separación prematura”.  Una madre que al momento del nacimiento de ese niño o durante los primeros meses de vida, ha estado excesivamente preocupada de sí misma, atravesando cierta depresión severa o absolutamente ensimismada. Una relación que no ha llegado a construirse.

Contaba la madre de un niño autista, cuando se le interrogaba acerca de su relación con éste durante los primeros años de vida, que ella no le hablaba a su hijo porque él no le entendería. ¿Quién le hablaría a alguien que aún no posee el instrumento del lenguaje sabiendo que no sería entendido?. Sólo una madre en su función.

Si una madre no puede, como la función materna la convoca, hacerse destinataria de los mensajes de su hijo, estamos en problemas. A ella le cabe la tarea de interpretarlo, según lo propio, según el instrumento del lenguaje con que está ella misma atravesada.

Cito fragmentos de un relato clínico del texto (cuenta H.Yankelevich que la paciente a que hace referencia solía caerse, sin causa orgánica presente) “… sueña que tras caer a pico de la ladera de una montaña, su caída es detenida por mi agenda, donde supone que está escrito su nombre. Se informa. Respondo que, en efecto, su nombre figura en ella. Confirmado, este apoyo le permite no caer (…) En lo sucesivo, durante varios años contará en sesión cómo aquél (su padre) nunca la había nombrado, nunca había mirado ni firmado su boletín de calificaciones…” 

Algo de la relación con el analista permite detener la caída libre, hay alguien para quien «su caída» encuentra alguna lectura. Alguien que nombra, mira y detiene la caída.

Ser nombrado, ser mirado por otro que, al adquirir cierto lugar de primordial será elevado a la dignidad de Otro, marcará decisivamente la vida del sujeto. 

Héctor Yankelevich en su escrito, nos presenta relatos clínicos donde “se arriesga con él (niño autista) a una aventura analítica” que lo enfrenta a los efectos de esa falta de nominación, de esa carencia de mirada que ha dejado al autista por fuera de la palabra y de la relación al Otro. A la ardua tarea de intentar ser visto y escuchado por un autista.