Está solo… Está solo…

Autora: María Florencia Moreno (*)

E mail: flo_self@hotmail.com 

(*) María Florencia Moreno trabaja como At y es alumna del curso anual de Acompañamiento Terapéutico dictado a través de At Lazos (abril de 2006 a enero de 2007)

“sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de su soledad”

Madre Teresa de Calcuta.

F tiene 5 años y un diagnóstico: Trastorno generalizado del desarrollo con estructura autista.(1)
Se encuentra en tratamiento cognitivo conductual desde septiembre del año pasado, cuando les dieron a sus padres el diagnóstico en el hospital de niños Garraham. Realiza dicho tratamiento en un centro educativo terapéutico organizado por una asociación de padres; en este lugar trabajan de manera grupal, no tienen tratamientos individuales, no hay un especialista que indique una dirección en la cura, todos intervienen. Al mismo tiempo asiste a un jardín de infantes común, en la sala de 4 años; aclaremos que él ya se encontraba escolarizado antes de ser diagnosticado, y que al finalizar ese año la maestra le dice a la madre que el nene deberá permanecer en la misma sala porque no habría alcanzado los objetivos propuestos, y que la condición para seguir en el jardín era que viniera acompañado por una integradora. Así entre yo en el tratamiento de F.

Concurrimos los tres primeros meses a ese jardín pero a través del acompañamiento fuimos detectando situaciones que ponían a F en riesgo, y al finalizar el tercer mes, la asistencia al jardín fue suspendida.
El período en el cual los padres buscaban otra escuela, aproximadamente dos semanas, yo iba a la casa, y de esa experiencia hago relato para tratar de ubicar algunas cuestiones con relación a la situación de F.

Sobre la táctica

F va a salir del jardín de un modo precipitado, aún cuando veníamos trabajando sobre las situaciones negativas a las que se exponía día a día a F, a partir de un hecho puntual que ofició de detonante. Un viernes por la tarde la maestra propone hacer pancitos, luego de una salida en la cual habían ido a visitar una panadería, cada nene amasó su pan para llevarlo a su casa y compartirlo con la familia. Ese día la maestra se fue antes y dejó encargada a la monja de la sala de tres años para que repartiera los panes. En la fila de salida hizo la entrega y resultó faltante un pan, comenzamos la busca, pero el pan no estaba; entonces la monja me pregunta “¿F fue a la salida?” Yo le dije que sí – aunque ya me la veía venir-, seguí buscando pero nada, entonces la monja me dice “sacáselo a F, total…”, no le respondí, me encontraba muy enojada, seguí buscando, tratando de pensar (en realidad ya había pensado, se podía partir algún pan – si la monja se hubiese acordado de Jesús tal vez hubiese pensado lo mismo- pero mi bronca me impedía decir nada), en eso aparece la directora y ella le dice “falta un pan para Manuela y yo le dije a Flor que le saque el pan a F”, y ahí ya no pude contenerme y le pregunté ¿por qué a F?, que él entendía que había hecho su pan, la monja respondió ¿y por qué Manuela se tiene que quedar sin pan?. Cuestión que la directora –como quien no sabe qué decir- decide partir un pan, F estaba parado adelante y de un grito esta hermanita lo mandó al fondo. Cuando salimos le dije al papá que llevaba un pan en la mochila y me fui realmente muy mal.

El lunes por la mañana llamo a la coordinadora del CET (2), le cuento lo sucedido y me pide que no se lo diga a la madre porque sería angustiarla sin sentido, que total ya estaba pensando en cambiarlo de escuela. No conforme con su respuesta llamo a la auditora de Policía Federal (la madre es policía y yo respondo a la obra social de dicha institución), la psicóloga, que es quien autoriza todo lo que tiene que ver con el tratamiento, al escuchar el relato me dice que debía contárselo a la madre porque lo que había pasado era grave, y que en todo caso dijera que me autorizaron ellos a hablar. Al día siguiente les cuento a los padres lo que había sucedido, la madre se pone muy mal y me dice que F no iría al jardín hasta que no hablara con la coordinadora del CET. A la noche me llama para decirme que iríamos al jardín el viernes como último día; ese día le manda una nota a la maestra, quien todo lo que me dijo fue “ y bueno es lo mejor para él”. Mientras estábamos participando del momento de intercambio, F no quería ponerse en la ronda, empezó a lloriquear y buscándome con la mirada golpeaba el suelo con la mano y me decía “está solo” lo repitió varias veces y entonces lo levanté del piso y lo sostuve a upa.

La semana que siguió fue de contención a la madre, que me llamaba cada día muy angustiada, desorientada, decía no saber dónde ir, ni qué hacer, que se sentía desbordada; yo le dije que ya había hablado con la auditora de Policía y que la esperaban para darle un listado de escuelas que le habían preparado y una propuesta para el tiempo de espera. Así se fue calmando, la auditora le dio el listado y le dijo que yo iría a la casa como AT hasta que encontrara jardín.

Iba lunes, miércoles y viernes durante dos horas. Ellos viven en un edificio, en el cual el papá trabaja como encargado. Cuando llego el primer día me acompaña hasta el 8º piso y allí estaba F, solo, en su pieza, mirando la tele y jugando con los autitos. Apenas entro el papá me dice “no sabe Flor, F toma mamadera, ¿qué vergüenza no?”, y me muestra las mamaderas que estaban en la heladera. Me dice que él baja a trabajar y que regresa en dos horas; me voy a la pieza con F y lo veo pegado – literalmente- al televisor, comienzo diciéndole que se aleje de la tele y lo siento a mi lado, pero se volvía a pegar a la tele, entonces lo llamé una vez más lo alcé a upa y le pedí que me contara qué estaba mirando, como había programas interactivos me ponía a cantar, saltar junto a él. Así hasta la hora de la merienda, le pregunté si quería merendar y salió corriendo a la cocina, abrió la heladera y sacó la mamadera, yo baje dos tazas y le pedí que me alcanzara la leche, saqué chocolate y empecé a preparar una de las tazas, y le digo que íbamos a tomar la leche en taza, se pone a llorar, entonces le pido que me ayude a preparar la otra taza, le doy el chocolate, la cuchara y hace lo que le pido, pero a la hora de llevarse la taza toma la que era para mi.

Al día siguiente la mamá llama a mi casa y no me encuentra, mi hermana le dice que si era urgente me llamara al celular, pero ella le dice que no y le empieza a contar que F se había preparado chocolate en una taza y no tomó mamadera, mi hermana la felicitó, y cuando llego me dice “llamó, pero sólo necesitaba contarle a alguien lo de F”. La próxima vez ya no había mamadera en la heladera.

Aunque duró poco, otro día llego y la mamá no había ido a trabajar, estaba terminando de bañarlo y lo tenía alzado como a un bebé, me decía “mirá Flor tenemos un bebé en la casa” y le pedía a F que llorara como los bebés, mientras él imitaba el chillido de un bebé ella lo acunaba y le daba besos como hace una madre con su bebé recién nacido. Ese día aparecieron nuevamente las mamaderas, alegó que lloraba tanto que L (su hermano de 10 años) les pedía que no lo hicieran sufrir así. Ella sale un rato y nos ponemos a jugar, cuando regresa F andaba con la mamadera en la mano y ella le dice “¡qué vergüenza un nene tan grande tomando mamadera, que va a decir Flor!. Él va hacia la heladera y saca coca cola que quiere poner en la mamadera, ella le advierte que está sucia con leche, se la saca y se la lleva a la cocina, desde allá le dice que tome en vaso, pero vuelve con la mamadera en la mano, limpia, y le coloca la coca cola allí. Yo le digo que aunque llore deberían darle las bebidas en taza, dijo que le iba a decir al padre.

Por esos días me llaman y me avisan que habían conseguido escuela, y que nos íbamos a ver directamente el día que empezáramos a ir, que no hacía falta que siguiera yendo a la casa – faltaban 8 días para que F comenzara, ya que aún no les habían confirmado nada-.

Durante esos días de acompañamiento en la casa me dediqué a ordenar algunas cosas en la vida cotidiana de F que de algún modo tenían que ver con su soledad, porque aún estando acompañado él miraba la tele solo, jugaba solo, tanto que no sabía que para mirar la tele hay que estar sentado a cierta distancia, y cuando estaba con su madre ésta sólo aportaba confusión con sus dobles mensajes, por momentos era su bebé, y por otros un nene grande que la avergonzaba por actuar como bebé. Este mismo ordenamiento fue necesario con ella cuando F se quedó sin escuela, hubo que prepararle listas de escuela, horarios de acompañamiento para situarla en esta nueva realidad que la desbordaba y la hacía sentir desamparada.

El juego con F nos posibilitó conectarnos desde otro lugar, la compañía era disfrutada, esperada, sus padres me decían que cuando se despertaba se iba a la puerta y miraba para la entrada como esperando a alguien.

Teorías acerca del Autismo 

Para el DSM IV
Trastorno autista. Características diagnósticas:

Alteración cualitativa de la interacción social

Alteración cualitativa de la comunicación

Patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.

Para Frances Tustin:

El autismo infantil se da en aquellos niños que no han desarrollado un vínculo afectivo y social con sus progenitores, lo cual les imposibilita cualquier tipo de aprendizaje y respuestas a estímulos de su medio ambiente. En consecuencia -dice- estos niños viven en un nivel muy detenido en su desarrollo.

Para Tustin la condición del autismo patológico es creada por ciertas características presentes en el niño desde su nacimiento, como la hipersensibilidad, irritabilidad o extrema pasividad. A su vez las madres de estos niños han tenido preocupaciones, angustias y aprehensiones durante el embarazo y parto. Algunas de ellas han pasado por períodos de depresión. Para la autora la combinación de madres deprimidas y con bebés hipersensibles crea una condición donde no hay suficiente sostén para la madre y el bebé. La relación primordial del apego no se establece entre ellos. Esta falta de relación es vivida como una separación prematura, la cual deja al niño sintiéndose solo, asustado y traumatizado. Este tipo de recién nacido en vez de buscar la protección de su madre se repliega sobre su propio cuerpo.

Lic. Gastón Fazió, en un trabajo que recorrió todas las formulaciones de D. Winnicott (Revista psicoanálisis y cultura. Acheronta)

Él dice: un bebé es un fenómeno complejo, siendo que es tal la significatividad del ambiente para éste que en un principio, sostiene Winnicott, no podemos describir al bebé si no describimos al ambiente. Todos estos conceptos están enmarcados en su tesis teórica que versa sobre el crecimiento emocional del ser humano, que va desde un estado de dependencia absoluta, pasa por una relativa, hacia la dependencia física y mental, pero este desarrollo no tiene lugar sin la madre suficientemente buena.
Será función de esta madre suficientemente buena:

Sostén o holding: es decir en su amplia acepción permite abarcar todo lo que una madre hace por el cuidado físico del bebé, incluyendo el apartarse momentáneamente cuando ha llegado el momento de que sea sostenido por materiales no humanos.

Manipulación o handling

Provisión de los objetos transicionales que posibilitan el juego, la creatividad y el trabajo.

Winnicott sostiene que en el autismo lo que subyace es una organización con miras a la invulnerabilidad (…)
Para él, el niño autista ha alcanzado casi ya la invulnerabilidad, los que sufren son los padres, la organización con miras a la invulnerabilidad tuvo éxito (…) el resultado es por fuerza cierta distorsión del desarrollo.
Si tenemos éxito, posibilitaremos que el paciente abandone la invulnerabilidad y se convierta en una persona que sufre.
Un que hacer materno suficientemente bueno es aquel que permite al bebé no verse obligado a enfrentar lo impredecible hasta ser capaz de dar cabida a las fallas ambientales.

Tratando de ubicar algunas cuestiones

Los interrogantes que signan y van atravesando este trabajo a medida que avanzo se despliegan ante mis ojos de este modo: ¿dónde está alojado F?, ¿Qué lugar le fue asignado?, ¿Cómo lo ven quiénes tratan a diario con él?, ¿Qué le demandan?
Debería mencionar aquí a muchos: ex maestra, ex jardín, CET con todos sus integrantes, su madre su padre y hermano… pero sería para libro más que para una exposición, entonces trataré más profundamente la relación con su madre; aunque no me voy a quedar con las ganas de hacer una breve descripción del resto.

Para el ex jardín y maestra, al igual que para la gente del CET del inicio (hubo cambios, y me abstengo de opinar), F era un nene discapacitado, estaba alojado en el lugar del que no puede y no entiende; lisa y llanamente un día me dijo el secretario del CET “estos chicos además de ser discapacitados son autistas”. Aún así él debería cumplir con todo lo que se le pedía, para eso estaría yo, para traducirle todo lo que pasaba alrededor, ser su traductora, y también la que cuidara de que se portara bien.

Para su hermano es el que se lleva toda la atención de sus padres sólo por ser autista.

Para su padre es “su tesoro”, aunque él es el que intenta poner los límites, exige, obliga; en el episodio de la mamadera me decía “estoy tratando de sacarle la mamadera, se la estoy prohibiendo, por eso no me habla, está enojado conmigo”. Citando algo de la clase 13 sobre los mandatos paternos, podríamos decir que F queda instalado para su padre del lado del goce.

La Madre

Algo de lo que Tustin señala acerca de lo que podría haberle sucedido a la madre (depresión o brote delirante) se deja ver en la mamá de F cuando se produce el cambio de jardín; la situación la desbordó y estaba desesperada, muy angustiada; sola no podía hacer, por eso llamaba cada día, preguntaba qué hacer, y después llamaba para contar cómo le había ido. Esos días fueron caóticos para ella, dejando entrever que tal vez lo mismo le podría haber pasado durante el embarazo o el post parto; no lo sabemos pero es una opción, y siendo así, seguramente, toda la libido vuelta sobre sí misma le impidió – ahora al decir de Winnicott – obrar como una madre lo suficientemente buena, es decir, capaz de brindar sostén, manipulación ( piénsese en la erogenización, marcación de los bordes) y provisión de objetos transicionales.

Con relación a la situación de la mamadera y el seudo juego en el cual F hace como si fuera un bebé, a mí me lleva a pensar en esto de la Madre-cocodrilo, y diría que en la boca de la mamá-cocodrilo de F no está ese palo-falo que permita trabarla para que él no se quede atrapado allí. La sensación que deja es de un F atrapado en el deseo de la madre, ahí no hubo corte. Pero lo que más impresiona es esa relación patológica que se da alrededor de él, si no es gozado por su madre, está el padre… y la imagen que me viene a la mente es la de una madre-cocodrilo con un palo-falo apretándole la boca desde afuera para que no se abra.

A continuación voy transcribir un poema escrito por el Lic. Albert García Hernández, presentado en una conferencia para la revista “Psicoanálisis y cultura de Acheronta” en Palma de Mallorca el 28 de mayo de 2004 (Hablemos de amor)

La lengua materna:

Llegará la esquirla de una palabra/ como
el sonido singular de una campana/
que vuelve y se escapa/, cuando repica y eriza/
alborotos de su danza.

Es la voz del cuerpo desobediente/ que la da y la
quita / cada vez que la pronuncia, / cada tono que
armoniza / desde la fonética parecida. / La que mejor
hace volar / pájaros de la lengua / y el equívoco de la
palabra./ La diosa que escribe / un salmo en cada seno,
raíces de la iglesia, / la imagen que adoramos, / el lugar
que nos desampara / con promesas de espera y esperanza. /
La que sabe el secreto/ de escoger las enredadas cerezas
de las palabras.

Seremos fieles / a la particular ondina que convocamos /
con el amargo grito de una boca coronada de
lágrima. / Habrá que mantenerse lejos / y cerca de
ella. La difícil distancia: / el ateo pendiente de
un imposible altar.

Desde mi rol

Desde el comienzo yo sentía sus pedidos como demandas: el jardín, sus padres, CET, todos me decían lo que F debía hacer, debía comprender lo que pasaba alrededor, debía portarse bien, yo debía ser para él una autoridad más, como lo eran sus terapeutas y sus padres, yo debía aprender qué tenía que hacer ante un berrinche, tenía que castigar si era necesario, prohibir los berrinches, etc…
Correrme de ese lugar que me asignaron me costó un poco – bastante diría -; pero con el tiempo fui logrando ubicarme, sobre todo en el contacto con él.
F tiene autismo pero no es el autismo.

Autismo no es sinónimo de discapacidad – y la discapacidad no es incapacidad –
F entiende aunque muchas veces prefiera quedarse al margen.
Comprendí que si lo obligaba obtenía de él lo peor, que si lo sostenía desde el cariño él respondía mejor, que si creaba un vínculo basado en la confianza, el respeto y el amor podría hacerme necesaria para él; me costó mucho darme cuenta que la dependencia que F empezaba a tener conmigo no era mala sino precisa, – sobre todo cuando la coordinadora del CET me dijo que él había creado conmigo un vínculo simbiótico- Él percibía mis ausencias, valoraba mi presencia, me buscaba con la mirada, me sacaba los anteojos y me tocaba la cara nombrando cada parte (ojos de Flor, nariz de Flor, etc…)
Repasando lo escrito hasta aquí noto que hice todo lo contrario a lo que me pidieron, pero no me creo una rebelde sin causa, la visión que tengo del acompañamiento terapéutico y del trato con las personas en general no encajan para nada en estructuras tan cerradas e inflexibles como con las que me tope.

A modo de conclusión

Antoine de Saint-Exupery; El Principito. Capítulo XXI

Entonces apareció el zorro.
– Buenos días -dijo el zorro.
– Buenos días – respondió cortésmente el Principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
– Estoy acá – dijo la voz-, bajo el manzano…
– ¿Quién eres? – dijo el principito-, eres muy lindo…
– Soy un zorro – dijo el zorro.
– Ven a jugar conmigo – le propuso el principito-. Estoy tan triste…
– No puedo jugar contigo -dijo el zorro-. No estoy domesticado.
– ¡Ah perdón – dijo el principito.
Pero después de reflexionar, agregó:
– ¿Qué significa domesticar?
– ( …)
– Es una cosa demasiado olvidada –dijo el zorro-. Significa “crear lazos”
– ¿Crear lazos?
– Sí –dijo el zorro-. Para mi no eres más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tu tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Serás para mi único en el mundo. Seré para ti único en el mundo…
– ( …)

Domesticar… crear lazos… brindarse… acompañar…

(1) Este diagnóstico parecería erróneo teniendo en cuenta que el Autismo no es considerado estructura sino patología.

(2) Centro educativo terapéutico