imprimir esta página

Permitida la reproducción y publicación total o parcial como material de estudio citando a la fuente y al autor.

 2º Jornada:«La práctica del Acompañamiento Terapéutico. Un dispositivo de trabajo»

(Lo que sigue son las palabras de apertura a la jornada que lleva el título precedente, realizada el 28 de septiembre de 2006, organizada a través de At Lazos y la universidad Argentina John F. Kennedy)

 

 Lic. Hilda Chanca (Secretaria Académica del Departamento de Extensión Universitaria en la Universidad Argentina John F. Kennedy)

Buenas tardes a todos, gracias por su presencia en este evento en la Universidad Kennedy. Hace casi veinte años que estoy a cargo de este departamento de Extensión Universitaria y después de tantos años se han desarrollado muchísimas actividades de los temas más variados. Hay temas que se han afianzado y se han dictado durante varios años, otros tal vez se dieron una sola vez, algunos se han programado y no se llegaron a concretar porque no hubo suficientes inscriptos. Lo que observamos con este curso de Acompañamiento Terapéutico es que fue un éxito en todos estos años, se ha dictado dos veces al año, en el primer y segundo cuatrimestre siempre con grupos de alumnos bastante numerosos. Pienso que hay dos razones, una es que hay una necesidad, una función social del acompañante terapéutico, es necesario socialmente que existan y a la vez hay un interés en capacitarse en la gente que quiere trabajar como acompañante.

Entonces hemos apoyado esta iniciativa de la profesora Sandra Sarbia, quien dirige el curso en la universidad, de realizar esta 2ª jornada, para que sea un espacio de reflexión, de estudios sobre esta temática.

 

Espero que en estas horas se pueda lograr este objetivo.

Lic. Sandra B. Sarbia (Docente a cargo del curso de Acompañamiento Terapéutico dictado a través del Departamento de Extensión Universitaria en la Universidad Argentina John F. Kennedy; directora de At Lazos y organizadora de la presente jornada.

 

«Algunas vicisitudes de esta práctica»

Bienvenidos a esta jornada a los aquí presentes, quiero agradecer a la Universidad Argentina John F. Kennedy que nos ha permitido contar con esta sala para la realización de la misma, en especial a la Lic. Hilda Chanca (Secretaria del Depto. de Extensión Universitaria) quien hizo las gestiones necesarias para que esto fuera posible, a las personas que han decidido exponer hoy entre nosotros, a aquellos que están colaborando con la realización de la jornada, a todos los asistentes a la misma, a xpsicopedagogía, a la Asociación de Psicólogos y Psiquiatras Cristianos de la República Argentina y todos los particulares que han difundido esta jornada.

Quisiera contarles brevemente el recorrido que conduce hasta la organización de esta jornada. Me encuentro en el campo del Acompañamiento Terapéutico desde el año 1993 en que realicé mis primeras experiencias en lo que iba a ser la incursión en un terreno de siembras y cosechas. Luego de varios años de recorrer esta práctica desde el rol del At, comencé con los primeros pasos en el ámbito de la docencia en la UBA como tutora docente de una pasantía en AT. A partir de ese momento abro el abanico de la docencia con el dictado de cursos en la temática en diferentes instituciones (ProyectoPsi, Fundación Aepa junto a otras colegas). Desde el año 2000 (consecutivamente hasta la actualidad) tengo a mi cargo la dirección del curso de Acompañamiento Terapéutico que esta casa de estudios, a través del Departamento de Extensión Universitaria, posibilita. Desde el año 2003 conduzco At Lazos, donde se brinda asistencia y coordinación de equipo de acompañantes terapéuticos, formación y supervisión de los mismos. Hacia abril del año 2003 organicé en esta misma casa la primer jornada de Acompañamiento Terapéutico «Acerca de la Práctica». Ahora, luego de algunos años más de trayectoria, la idea de la presente jornada es posibilitar un nuevo aporte a la conceptualización de la Práctica del Acompañamiento Terapéutico.

Unas breves líneas a modo de introducción y síntesis acerca de esta práctica, especialmente para aquellos que se acercan a esto por vez primera. En nuestro país, el Acompañamiento Terapéutico, comenzó a utilizarse a partir de la década de 1960, como herramienta para abordar diferentes procesos terapéuticos que ofrecían dificultades. Surge, como recurso, en la intersección entre la Psiquiatría y distintas corrientes de la Psicología, al mismo tiempo que de sus bordes como límite del saber que éstas recortan y de sus posibilidades operatorias. En la actualidad es desde estos saberes y otros que se recibe la demanda de Acompañamiento Terapéutico.

Desde hace muchos años vienen siendo los estudiantes y profesionales de Psicología, Psiquiatría, Psicología Social, Terapia Ocupacional, Trabajo Social, Psicopedagogía, Musicoterapia y carreras afines al área de la Salud Mental quienes ocupan el lugar del acompañante terapéutico. En este sentido representa para muchos la posibilidad del abordaje temprano hacia lo que implica la relación al trabajo con pacientes en torno a la Salud Mental. Para esto, es preciso la formación y actualización constante de un rol en permanente crecimiento. Entiendo que la formación del acompañante terapéutico resulta ser el resultado de varias instancias: de su análisis; del recorrido por los conceptos teóricos que nos sirven para pensar su función; del desempeño del rol en lo que hace a su práctica; del paso por un espacio de supervisión. Instancias que le permitirán acercarse y contribuir a los procesos terapéuticos en los cuales se encuentra implicado.

 

El Acompañamiento Terapéutico es un recurso que se implementa en ciertos tratamientos de pacientes para los cuales los dispositivos convencionales no resultan suficientes. Pacientes que se encuentran ante situaciones críticas en algún momento de sus vidas o quienes viven atravesando sucesivas crisis. Representa una práctica que surge con relación a la atención de pacientes que solemos denominar «casos límite... fronterizos, bordes de la clínica», así como respecto del límite que ofrecen los tratamientos convencionales frente a determinados casos de difícil abordaje.

 

En muchos casos el dispositivo de Acompañamiento Terapéutico ofrece una alternativa frente a una internación psiquiátrica, evitando así los efectos de cronificación que ésta podría tener sobre un sujeto. Frente a esto se suele implementar una internación domiciliaria, acompañando al paciente a atravesar cierta situación sin que éste sufra el desprendimiento que implica el abandono de sus cosas. Cuando es inevitable una internación, el acompañante terapéutico puede acompañar al paciente a atravesar ese tiempo así como la transición hacia una externación favoreciendo una adecuada re inclusión en el medio familiar. Re inclusión que en algunos casos resulta difícil para un paciente, sin un lazo que enlace ambas situaciones (internación y externación)

Participa en procesos de reinserción familiar, laboral, educativa, social a ser transitados por un paciente en algún momento particular de su vida. Podría acompañar los avatares de un tratamiento ambulatorio que se presente con serias dificultades viéndose amenazada su continuidad o impedido el trabajo terapéutico. Apunta a favorecer y posibilitar la continuidad del tratamiento.

 

Representa un recurso en pos de una estrategia de trabajo.

La práctica del AT nos suele confrontar con la clínica de la gravedad, nos hace vérnoslas con eso que no anda para nada en la vida de una persona, con lo que funciona muy mal, con lo que se desborda. Inhibición, síntoma y angustia elevados a la enésima potencia: inhibiciones sostenidas a lo largo de casi toda una vida, síntomas muy ligados a lo mortífero, montos elevadísimos de angustia, convocan nuestra intervención.

Muchas veces es la impotencia, el sentir que acompaña nuestra participación en un AT, nos encontramos sin saber cómo hacer (o aún sin poder hacer) para producir un sujeto en quienes se ubican en lugar de objeto. En ocasiones de nuestro lado: inhibición, síntoma y angustia. Aunque se espera que no del mismo modo.

Otras veces nos encontramos con que lo que hacemos no alcanza o alcanza poco para producir alguna diferencia en la persona que acompañamos. O la diferencia es tan pequeña que si esperábamos mucho, nos decepciona el resultado. En ocasiones nos ponemos contentos con un sólo paso dado: el paciente ahora tiene algo más que hacer que quedarse junto a su madre todo el día mientras la vida pasa. Dice frecuentemente una paciente que atiendo en consultorio y con la que trabaja un equipo de Ats  «mi mamá hace todo por mí... ella es muy buena conmigo».  Es cierto, su madre hace todo por ella y es así como ella no hace nada en todo el día, a pesar que quisiera tener un trabajo, amigos, un novio, una vida independiente, según dice. ¿Cómo se es independiente sin hacerse siquiera un desayuno?  El equipo de Ats, entre otras indicaciones, se encuentra abocado a la tarea de dejar hacer a la paciente (desde llamar el ascensor cuando se lo espera hasta una comida para su almuerzo). Después de un tiempo de ser acompañada, interrogada acerca de ¿por qué con tu mamá vos no hacés y con las Ats podés hacer algunas cosas?, incluso te resulta muy fácil (según sus palabras), piensa unos instantes (cosa que antes no hacía) y responde: «es que las Ats me dejan hacer».  «Hacer» que deja oír un «nacer» aunque no se lo interprete. Me pregunto si ella ha nacido.

 

Algo de esto nos convoca cada vez con estos pacientes que parecen no haber nacido aún al mundo o estar muriendo a cada momento. Mezcla y desmezcla pulsional, según Freud en Más allá del principio del placer (año 1920), donde los montos de muerte superan ampliamente los de la vida. Reducir los primeros en favor del aumento de los segundos no resulta sencillo. 

¿Mezclar y dar de nuevo?  Hacer lugar a otro juego donde las reglas cuenten para todos, donde la legalidad si bien falle no esté ausente. Sabiendo que no hay modo que la ley entre sin falla, entonces se transmite lo fallido de la ley. Hacer lugar a la entrada de la legalidad (falla mediante), a ver si en esta partida podemos obtener un ganador en vez de esa pura pérdida constante con que viven estos pacientes.

Acompañar para producir del encuentro con quien sufre «alguien que juega» en vez de ir al lugar de «la cosa con que otro juega», lugar en que suelen ubicarse aquellos que hoy nos convocan a la escritura y a la realización de la presente jornada.

 

Uno podría preguntarse: ¿cómo es que el paciente que acompañamos ha ido a parar  a ese lugar?, ¿por qué él y no su hermana u otro? 

Entiendo que muchas pueden ser las determinaciones que lo han ubicado allí, a él precisamente. Caben muchos interrogantes: estos padres (al momento de gestar a este hijo) ¿esperaron algo o no esperaron nada de él?, ¿qué depositaron en el sujeto por venir? En ese tiempo de oro donde se constituye lo esencial, ¿qué pasó con ellos?, ¿pudieron asistir y donar lo necesario para que un sujeto se constituya?. ¿qué lugar vino nuestro paciente a ocupar? del que evidentemente no pudo correrse.

Predisposiciones más o menos pasivas tienen su lugar, es mucho lo que grava el Otro sobre el cuerpo de un niño, pero también cuenta lo que éste hace con eso que le atraviesa. Con esos otros que le han tocado en suerte.

También cuenta lo azaroso, participando en la determinación, los avatares de la historia, esos que cambian el rumbo de una vida (dependiendo en parte del momento cronológico)

 

Lo orgánico no puede descartarse, eso con lo que como Ats, no podemos operar, más que orientando al paciente a consultar y recurrir a la Medicina (haciendo lugar a nuestros propios límites)

Con todo esto y mucho más tendremos que vérnosla al momento de acompañar a un paciente. Y cada vez con la singularidad que allí se presente. Podríamos decir: a las personas nos pasan más o menos las mismas cosas (pacientes, Ats, terapeutas, etc.) aunque hay lo que hace diferencia: la combinatoria varía de uno a otro sujeto haciendo a cada uno singular y diferente de todos los otros, los significantes privilegiados para cada quien y cómo los usa cada uno, produciendo diferentes combinatorias. La diferencia no radicará en lo que me ocurre sino en cómo vivo, tomo, cuento lo que me ocurre (y si cuento o no cuento con y para el Otro),

Es desde este lugar que puedo pensar la intervención del At, allí donde se tratará de rescatar lo singular subjetivo que está grabado en aquel que acompañamos para apuntar a producir alguna diferencia. A que, con lo mismo, haga otra cosa.

Intervención que requerirá una posible lectura de aquello que está marcado, grabado, pero que admite afortunadamente, nuevas inscripciones. Aunque exista lo que constitutivamente no encontró lugar en su momento y ya no hay tiempo para que ingrese.

Pondremos así en juego la singularidad subjetiva de quien acompañamos apuntando a posibilitar que se produzca lo nuevo allí donde el  «eterno retorno de lo igual» reinaba, causando lo peor.

 

Una práctica a construir cada vez que hacemos un AT, en cada uno de los encuentros con el paciente (más allá y no sin considerar las instancias de formación que producen la diferencia, pero de nuestro lado)

Práctica con la que por el deseo del Otro y lo que hago con ello, los avatares de la vida y sus determinaciones, me encuentro profundamente comprometida desde hace ya muchos años.

Sé que existen diferentes abordajes para pensar esta práctica enmarcando diferentes modalidades de trabajo. De acuerdo a la orientación teórica que nos guíe recurriremos a ciertos conceptos para poder pensar nuestro quehacer produciendo un accionar desde allí. Y el trabajo a producirse será diferente.

Es la idea de esta jornada que puedan exponerse estos diferentes modos de abordar su función (no sin considerar la persona que la encarna, por ende su formación)

Por último quisiera comentarles que los trabajos hoy expuestos podrán visitarse próximamente en la página de At Lazos  (www.at-lazos.com.ar), en la sección escritos de la misma.

Nuevamente quiero darles la bienvenida y augurarles una buena jornada de Acompañamiento Terapéutico a todos los que hoy asistan.

Septiembre de 2006.